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Blog - 27 de julio de 2021

Una raza de narradores

Las historias nos hacen quienes somos. No solo por permitirnos compartir y apreciar las experiencias de otras personas, sino porque es parte de nuestra identidad humana.

Piénsenlo, cada actividad humana puede entenderse como una forma de contar historias.

Toda narración tiene ciertas partes comunes: un principio, en el que se presentan los personajes y la información básica para entender lo que se viene; un medio, en el que los eventos se desarrollan y alcanzan su punto de máxima acción, y un desenlace, en el que todo se relaja y se alcanza un nuevo estado de normalidad.

Y eso sucede en cada aspecto de nuestra vida. El Código Civil y Comercial comienza explicando qué es una persona y los conceptos elementales para aplicar la ley, luego pasa por cada vicisitud de la vida de esa persona ideal, hasta que al final explica cómo se heredarán sus bienes. Es la historia de vida de cada ciudadane en abstracto.

Un paper científico exhibe primero el equipo que trabajó en el experimento y el marco conceptual utilizado. Luego explica los pasos y resultados obtenidos y, finalmente, las conclusiones y el impacto que tendrá para el futuro.

Y cada cosa que hacemos puede verse del mismo modo: viajes, anécdotas, negocios, contratos, decisiones, expresiones artísticas, movimientos políticos y avances sociales.

En los últimos tiempos estamos viviendo una de las grandes historias, de esas que nos marcarán por siglos venideros: Una pandemia azotó al planeta y nos obligó a cambiar todo, a encontrar nuevas formas de vivir cotidianamente y a enfrentarnos a nuestra propia vulnerabilidad. Pero eso no fue todo, también reveló que hay quiebres y divisiones muy profundas en nuestras sociedades. Si hemos de salir adelante, si aspiramos a lograr un final feliz luego de tanta muerte, debemos aprender a construir puentes.

Esos vínculos también son narraciones, los famosos discursos. Con sus protagonistas y sus villanos (piensen en los apodos de los políticos y lo verán), sus eventos y acciones, incluso la forma en que describimos el mundo cambia según cómo decidimos narrar la realidad.

La humanidad está compuesta de infinidad de historias, de esas que vivimos y nos contamos entre nosotres para compartir e inspirarnos mutuamente. También las que nos decimos para hacernos daño, pues no todo lo que narramos tiene un fin sincero y altruista.

¿Y cuál es la verdadera historia entonces? Lo cierto es que poco importa si no la contamos para unirnos. Desde siempre las historias han sido una forma de acercar a las personas: alrededor de una fogata, de un escenario, de un altar o de una radio. Esa es la función de la narración, la de crear vínculos en donde antes solo había vacío, ese es el verdadero objetivo.

Por eso es tan importante explorar y descubrir el universo de historias que espera ser encontrado. Nos ayuda a entender a otras personas, a vivir sus experiencias, a viajar a mundos tan fantásticos como reales, a descansar de los pesos de la cotidianeidad y a juntar energías para seguir viviendo nuestra historia personal. Nos inspira a crecer, a aprender, a detectar los peligros y a evitarlos, a ayudar a quienes lo necesitan y a autocuidarnos.

La humanidad está hecha de historias, y descubrirlas nos hace más humanes.

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